Las cercas o setos en espacios verdes

Las cercas y cortavientos, tambíén llamados cercos vivos, protegen a los moradores de la vivienda de miradas indiscretas, y a las plantas, de animales incontrolados y de vendavales inoportunos. Pueden construirse en materiales diversos y a la hora de elegir estos, hay que tener en cuenta las características del entorno para evitar efectos chocantes o disarmónicos.

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¿Qué utilidad tienen los cercos vivos?

Las vallas y cortavientos deben ser un complemento en la decoración general del jardín. De nada sirven los esfuerzos por
mantener unas plantas sanas \ bien desarrolladas, si el marco que las rodea está desvencijado, carece de gusto o por exceso de originalidad no armoniza con el entorno.

Aparte de estas consideraciones estéticas, las vallas y cortavientos deben ser eminentemente prácticas y cumplir la misión de proteger a los habitantes de la casa y a los del jardín de «visitas» indeseables o del viento que podría arruinar en minutos una labor de años.

¿Qué características deben reunir?

La característica más esencial que debe reunir una cerca verde es que dé la sensación de intimidad, pero sin oprimir; por este motivo no se debe transformar una valla de jardín en el equivalente a un muro de prisión.

El tamaño ha de oscilar entre el metro y los dos metros y medio de altura y la anchura, dependiendo de los materiales, no deberá exceder de los 25 centímetros.

La siguiente característica que debe estudiarse con detenimiento es el precio y la resistencia de la construcción. En zonas de alta montaña o junto al mar, este punto es de vital importancia, pues los agentes atmosféricos actúan sobre los componentes perecederos con una rapidez asombrosa.

En estas zonas se debe recurrir a los materiales del lugar, utilizando preferentemente cerramientos de piedra y evitando el uso de la madera. El último punto, muy unido al anterior, es el de la facilidad de mantenimiento de las estructuras. Esta es la razón para que en determinados lugares sean preferibles las cercas metálicas a las losas de hormigón o a los entramados de madera, pues presentan la ventaja de no precisar ningún tipo de mantenimiento, pues cuando se estropean se cambian por poco dinero. Para evitar su aspecto un tanto frío, se puede recurrir a taparlas con un seto o a cubrirlas con unas trepadoras.

¿De qué materiales se pueden construir?

De acuerdo con las posibilidades económicas y teniendo siempre en cuenta las construcciones de alrededor, se puede elegir entre las siguientes soluciones:

  • Muretes de piedra: Es la forma más cara de cerramiento, pero a la vez la más duradera. Conviene emplear siempre materiales de la localidad, pues aparte de su menor precio, dan más sensación de naturalidad.
  • Cercas de hormigón calado: Económicas, fáciles de instalar y mantener y, sobre todo, muy prácticas. Convenientemente encaladas y unidas a unas trepadoras pueden ser la solución ideal para un jardín pequeño.
  • Vallas de madera: Sin duda las más agradables a la vista, pero también las más caras de instalar y mantener. Admiten muchas combinaciones de formas V colores.
  • Setos vivos: Tardan en crecer, pero con el tiempo quedan preciosos. Intercalando una alambrada tupida y escogiendo una especie ornamental espinosa, puede ser a la vez bonita y segura. Son recomendables los realizados a base de Pyracantha

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